''Han sido 6 años de revelaciones para mí, de mi fortaleza y la de mi familia, del poder de la mente y del aguante del cuerpo.''

Hoy, puedo decir que hace 6 años renací de las cenizas. Han sido 6 años llenos de días entre buenos, malos, muy buenos y muy malos, pero llenos de aprendizaje, de esperanza, de cambio y mucho pero mucho amor.

Han sido 6 años de revelaciones para mí, de mi fortaleza y la de mi familia, del poder de la mente y del aguante del cuerpo. Del poder del amor y del poder del ácido, una sustancia que era desconocida para muchos, incluida yo. Pero hoy por mi historia, millones de personas conocen sus usos y el desafortunado poder de destrucción que puede tener en el cuerpo y la mente de una persona.

Mi historia empezó hace 6 años, en la cual se han revelado muchas verdades, verdades dolorosas y aberrantes como que ocupamos los primeros lugares de ataques con ácido en el mundo, o cifras como las reveladas por medicina legal: entre 2004 y 2014 en Colombia se han registrado 982 casos de quemaduras con sustancias químicas, que al entrar en contacto con el tejido humano generan daños severos e irreversibles.

Estas cifras son el síntoma de muchas enfermedades del estado colombiano. Son el reflejo de la violencia desatada por una sociedad desigual, intolerante, sin educación, que vive en la pobreza, sufre la indiferencia de un sistema jurídico que lo abandona y de falta de memoria. Desafortunadamente nos acostumbramos a vivir entre la violencia y a anestesiarnos ante ella. Una consecuencia del bombardeo mediático en el que vivimos, que nos cuenta día a día montones de tragedias a las que muchas veces vemos con indiferencia.

Después del 27 de marzo de 2014, el día que fui atacada, han salido a la luz pública las historias de otras víctimas, la verdad sobre un sistema de salud que no responde como debería, la falta de educación de un pueblo que no sabe cómo reaccionar ante un ataque de estos y la desalentadora verdad sobre una justicia blanda y con vacíos.

Mi historia ha sido una revelación para muchos, sobre un tema que ha afectado a miles de hombres y mujeres en diferentes rincones del mundo y especialmente en Colombia. Ha sido un medio para contar otras historias como la de Paty, la de Freddy, la de Natalia y la de Carolina. Hombres y mujeres que como yo, han tenido que pasar por esta dolorosa experiencia pero con una gran diferencia y es que no han contado con la misma suerte y el mismo apoyo que he recibido yo. Ellos han tenido que enfrentar un proceso de recuperación sin conocimiento de la atención en salud y psicológica a la que tienen derecho, sin recursos económicos, sin los tratamientos médicos adecuados, sin un acompañamiento psicológico completo para ellos y sus familias y sin la asesoría jurídica necesaria para castigar a los culpables. Esta situación los ha vuelto invisibles, los ha dejado sin identidad, los ha aislado y excluido del resto de la sociedad.

En estos 6 años de mi renacimiento, han estado llenos de revelaciones positivas, de descubrimientos y avances médicos que se han puesto a prueba en mí y han dado excelentes resultados. Conmigo se han probado descubrimientos como el Glyderm (un desarrollo científico holandés), terapias físicas y ocupacionales, masajes especializados, licras, máscaras, cremas, protectores faciales y hasta maquillaje, que 

con un poco de suerte y ayuda de los gobiernos, podrán ser aplicados a las miles de víctimas en Colombia y el mundo.

Solo espero y pido cada día, para que todos estos avances médicos que se han probado en mí, contribuyan a mejorar la calidad de vida de otras víctimas y les haga más llevadera esta situación.

El 9 de abril de 2015, se constituyo La Fundación Natalia Ponce de León con el objetivo y la motivación de garantizar los derechos de las y los sobrevivientes de ataques con agentes químicos en Colombia y luchar contra las violencias hacia mujeres y niñas, propender para que este tipo de agresiones no se repitan y disminuir la impunidad. 

El 6 de enero de 2016 el Gobierno colombiano sancionó la (LEY 1773 de 2016)- Ley Natalia Ponce. Tipifica como un delito autónomo esta conducta; endurece las sanciones a los agresores; y elimina beneficios. Aumenta hasta 30 años para este tipo de agresiones, pero pueden ser superiores si las victimas son menores de edad o mujeres.

Yo solo pido de todo corazón, que cada caso de estos sea tratado de la misma manera, sin importar quién sea, ni su condición social. Todos somos colombianos y ante una situación de estas, necesitamos ser tratados exactamente de la misma manera. 

Hoy solo me queda decir gracias. Gracias a mi familia, a los miles de conocidos y desconocidos que me enviaron mensajes y regalos llenos de amor y fuerza que me ayudaron a apaciguar el dolor y recargarme de energía para dar cada uno de los pasos que he dado, gracias al equipo médico, a las enfermeras, al Hospital Simón Bolívar y en especial a mi cirujano reconstructivo, el Dr. Jorge Luis Gaviria.

Esta no es mi lucha, es la lucha de todos, porque mañana esta puede ser la historia de su hijo o de su hija.

 

Natalia Ponce de León